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Vivir con coherencia

Todos hemos sentido alguna vez que no estamos donde tenemos que estar, que la vida tal y como se nos presenta no es suficiente o no tiene el sentido que nos satisface. A veces actuamos esperando obtener una recompensa que nunca llega y lidiamos con la frustración o el resentimiento. A veces necesitamos ser necesitados y no ser conscientes de ello causa mucho dolor, a nosotros y a los que tenemos cerca. En nuestra educación está impresa la idea de que la vida consiste en estas sensaciones y que hay que resignarse a la situación que te toca. Es entendible que padezcamos de esta mentalidad y nos acomodemos en una especie de seguridad falsa que no nos satisface ni mucho menos.

A pesar de esto en cada uno de nosotros reside el potencial para cambiar. Es evidente que no es fácil el cambio en ningún ámbito de la vida y menos si las circunstancias que rodean tu camino son desfavorables a nivel económico, familiar y social o si simplemente el hecho de cambiar supone dejar atrás algo que nos hace daño pero que nos da más miedo perder. No quiero hacer apología de la superación personal ni fomentar los castillos en el aire. Lo que quiero decir es que cambiar requiere conocimiento, acción y sacrificio.

Hoy día vivimos en la era del conocimiento. Saber y obtener recursos intelectuales está al alcance de cualquiera, prácticamente sea cual sea su posición socioeconómica. Prácticamente todo el mundo tiene un Smartphone conectado a la red. Saber qué información es la más adecuada en cada caso se convierte en el primer obstáculo porque hay tanta que en muchos casos nos podemos confundir por el camino. El siguiente paso es el de la acción, donde más fallamos. Es comprensible porque tomar decisiones requiere de mucha energía, perseverancia y grandes dosis de voluntad.

Cuando digo energía no me refiero a algo metafísico sino a algo muy real que tenemos todos biológicamente en nuestro cuerpo. Un sistema nervioso constituido por una parte simpática y otra parasimpática que se encarga de gestionar nuestra constelación hormonal y todo esto en función de cómo interpretamos lo que nos pasa. El hecho de cambiar o decidir se traduce en una amenaza que puede someter a nuestro sistema a cierto estrés. Dependiendo de la magnitud de la decisión, el cambio, el miedo o cualquier otro factor que rodee el hecho en sí mismo la respuesta de nuestro sistema será más o menos intensa.

No he hablado en ningún momento de la motivación que necesita alguien para cambiar o generar cualquier movimiento en su vida. La motivación a veces la tienes pero otras no y cuando no, se presenta la prueba en la que descubres tu fuerza de voluntad.

La voluntad es lo que determina hacia donde dirigimos esa energía. Lo primero que tenemos que tener claro es qué predomina en nuestra cabeza. Qué tipo de pensamientos rondan nuestra mente y qué nos hacen sentir. Después de profundizar aquí que es un gran mar donde adentrarnos, tendremos que analizar objetivamente qué tipo de decisiones tomamos habitualmente y hacia dónde nos están llevando.

No se trata de encontrar la solución a todos tus problemas de golpe o generar un cambio radical en tu vida para conseguir aquello que quieres. Se trata de conocerse a uno mismo. Profundizar en tus pensamientos, entender bien lo que sientes y ser más consciente de tus decisiones. Puede que no sepas cómo hacer este viaje hacia dentro y para eso existen los libros, los psicólogos o los buenos amigos.

Una vez descubras que realmente en la mayoría de los casos la falta de conocimiento viene por una falta de cultivación propia podremos empezar a llevar las riendas de nuestra vida. Qué es eso en lo que más fallas? Qué necesitas para tener la vida que quieres? En este punto me choco mucho con ese comentario típico de apelar a la falta de tiempo o a las responsabilidades familiares para justificar que no hacen lo que deben para consigo mismos. Como he dicho al principio no digo que sea fácil generar un cambio pero ser una víctima es la mejor actitud para no hacer nada y seguir donde estás.

Volviendo a lo que decía de la relación entre lo que pensamos, lo que sentimos y las decisiones que tomamos a partir de ahí, habremos de ser conscientes de la coherencia que existe entre los tres puntos. Si en esta relación hay transparencia nuestra mente no encontrará resistencia frente a lo que nos sucede en el día a día porque nos resultará más fácil aceptar la realidad.

Cuando siento que entre lo que pienso, siento y hago hay una relación directa o una transparencia casi total me alineo con el sentimiento de ser libre, fiel a mí mismo y poderoso. Me siento muy en contacto con mi parte más esencial y eso atrae a mi vida aquello por lo que lucho, de forma sorprendente e inevitable.

Encontrar la coherencia es un trabajo difícil y aun encontrándola la podemos perder. La magia del ser humano es esa, que no siempre tenemos la capacidad de mantener un estado óptimo de conexión. La idea es esa, poder ver cuándo nos estamos perdiendo por el camino y saber cómo reconducirnos porque por mucho que nos ayuden, por mucho que leamos y por mucho que alguien cercano te brinde su mano, nadie va a decidir por ti.



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