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Supercompensación

En todo proceso de entrenamiento debemos considerar las cargas, los tipos de ejercicios, la forma de combinarlos, los días de entrenamiento y la alimentación. A todo esto debemos sumar como elemento clave, la recuperación, el descanso. Si ese descanso produce un efecto positivo lo denominaremos supercompensación y habremos subido de nivel.

El entrenamiento en un primer momento genera una disminución del rendimiento, pero tras un proceso de descanso adecuado éste no sólo vuelve a su estado normal sino que se incrementa. El término supercompensación hace referencia a la relación entre el nivel inicial y aquel más alto que logramos a continuación.

Esto quiere decir que justo después de entrenar encontramos una bajada de nuestra capacidad por fatiga. Tras sufrir este fenómeno necesitamos un tiempo de recuperación que siendo adecuado hará que potenciemos nuestro rendimiento.

El tiempo de recuperación es fundamental, ya que un tiempo excesivo puede producir lo que conocemos como supercompensación negativa, que indica una bajada del rendimiento incluso por debajo de nuestro punto de partida. Podremos encontrar también una supercompensación nula, que es aquella en la que nuestro rendimiento se mantiene al mismo nivel del que partimos ya que no hemos logrado incrementar nuestra capacidad.

Es necesario el reposo tras un entrenamiento y he aquí la dificultad, puesto que cada cuerpo responde de forma diferente. Los objetivos a conseguir nos permiten establecer la rutina de entrenamiento y cada forma de entrenamiento requiere de una recuperación adecuada, ya que si no somos capaces de parar por nuestra necesidad de realizar actividad es muy probable que caigamos en el exceso.

Entendiendo esto como un proceso de rehabilitación en el que nuestro cuerpo pasa por sufrir un estímulo que lo fatigue, será fundamental la alimentación que llevemos en el mismo. Se produce una resíntesis de proteínas por lo que es el momento de elegir la combinación adecuada de alimentos. Nuestro organismo se vuelve más receptivo a la hora de captar los nutrientes, por lo que la calidad de la comida se vuelve un factor fundamental en este proceso. No caigamos en el error de comer por comer para poder crecer y tratemos de darle a nuestro cuerpo justo aquello que más necesita para poder desarrollarse de forma vigorosa y sana, ya que a fin de cuentas es el lugar donde tenemos que vivir cada día. Hagamos que sea una máquina sin fallos que nos transporte de forma segura y eficaz y nos otorgue calidad de vida.

Aquí aparece el concepto de calidad y cantidad. La calidad hará referencia al tipo de alimento y sus beneficios en nuestro organismo. La cantidad es la que determinará esa ganancia de peso o la pérdida del mismo si el aporte es negativo con respecto al metabolismo basal.

En conclusión, nuestro cuerpo se mantiene permanentemente en un estado de homeostasis, es decir en un equilibrio. Al entrenar lo sometemos a un estímulo que siendo adecuado puede alterar ese equilibrio y producir cambios en el organismo. Estos cambios se producirán si el proceso de supercompensación es adecuado ya que al terminar la fase de recuperación, volveremos a un estado de homeostasis, pero, en este caso será superior al estado homeostático inicial. Habremos elevado nuestro umbral físico.

Todo proceso en la vida que suponga un reto alterará nuestro sistema. Superar dichos acontecimientos sin quedar superado por las circunstancias es lo que hará que subamos de grado en nuestro día a día. Esto hará que aumente en lugar de nuestros músculos, nuestra capacidad de tolerancia a la frustración y nuestra confianza.

Someterse voluntariamente a ciertos retos es un buen entrenamiento para la vida cotidiana.



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