La competición

La palabra competición viene del verbo “competere” en latín y significa “encontrarse con", "coincidir con”. Se puede competir contra uno mismo superando las marcas propias o se puede competir contra los demás. En ambos casos existe un denominador común que es la superación.

Si la competición está regida por buenos valores beneficiará al participante, a las personas que la presencien y al propio deporte.

Desde mi punto de vista es una manera de poner a prueba las cualidades físicas y mentales en un momento de exigencia límite. Es una forma de desafiarnos a nosotros mismos y de enfrentarnos a la adversidad.

Competir en sí mismo es una herramienta más dentro de cada modalidad deportiva. El por qué lo hacemos es la clave. Para muchos es el fin último de cada disciplina, para mí es la hora de la verdad, la evaluación de tu entrenamiento. La competitividad es necesaria para desarrollar habilidades sociales, descubrir las propias capacidades y además es una buena forma de ordenar un entrenamiento, ya que con un objetivo a la vista es más sencillo planificarlo.

La tensión de la prueba, el entrenamiento previo y el desarrollo de la misma aportan sensaciones muy gratificantes para el practicante. Emociones potentes como euforia, alegría y satisfacción acompañan a esta parte del deporte. Siempre que el resultado sea positivo.

En la otra cara de la moneda encontramos la derrota, el fracaso. Un pensamiento que puede acompañarte durante mucho tiempo dependiendo de en qué lugar hayas situado el foco de tus expectativas. El exceso de competitividad puede desembocar en un orgullo desmesurado de alguien estando acostumbrado a ganar puede verse por encima de los demás. Si por el contrario ha probado la derrota podrá sentirse devaluado con respecto a lo que cree que los demás pueden pensar o por lo que pueda pensar de sí mismo el competidor.

En ambos casos, independientemente del resultado, es una experiencia interesante para conocerse a uno mismo y los recursos propios tanto técnicos, como físicos y mentales.

En mi opinión hay que conocer las dos caras de la moneda ya que formadores y preparadores deben ser conscientes de la repercusión psicológica de la competición y así poder ayudar a sus alumnos a alcanzar el máximo partido de competir sea cual sea el resultado.

Desde luego existe mucha diferencia en casi cualquier disciplina entre los individuos que ponen a prueba sus habilidades frente a adversidades que los que no. En nuestra escuela (Hapkido MoowonSool Majadahonda) todos los viernes se trabaja el combate y a pesar de no ser el mismo estrés que el de una competición y menos aún el de una situación real de supervivencia sí que es una evaluación de los propios recursos.

La estrategia es un factor determinante en cualquier enfrentamiento, ya sea fútbol o judo y para poder desarrollarla necesitamos contar con dos elementos fundamentales: los recursos (habilidades, técnicas, capacidades físicas, etc.) y la confianza. Ambos se trabajan en el entrenamiento diario pero la confianza aumenta a medida que nos enfrentamos a la adversidad.

En mi caso particular he sentido ambas caras. En un principio saboreé la victoria y después de varias competiciones, viví una amarga derrota. Fue amarga porque no pude demostrar todos mis recursos. La falta de confianza que me creó la presión que yo mismo me impuse por la expectación que creí generar en la gente que me vino a ver.

Recuerdo con mucha más fuerza esa derrota por lo que significó para mi autoestima personal que todas las victorias anteriores. Pensar, no que me defraudaba a mí mismo sino a toda la gente que me quiere fue duro. Aprendí una gran lección de vida. Es el hecho en sí de que había gente que me quería viéndome lo que no supe apreciar.

Desde entonces me embarqué en un viaje interior del que he aprendido que una competición no determina lo que eres, que lo que creemos que somos no tiene nada que ver con lo que creemos que piensan los demás y que lo que sí somos está muy por encima de todo eso.

Un buen maestro utiliza todos los recursos disponibles para sacarle el mejor partido a su alumno y yo he aprendido con los años, a base de ponerme a prueba que el miedo nunca se supera. Que es más fuerte la mente que las circunstancias y que el miedo lo puedes convertir en algo conocido. Lo que es más importante, creer en uno mismo aún sabiendo que no vas a ganar es para mí sin duda, la gran enseñanza que podríamos sacar de la competición. No rechazar el enfrentamiento si la causa es suficientemente justa a pesar de carecer de toda esperanza de victoria.

Sentirme agradecido por haber podido disfrutar del proceso y de que concluya con estas palabras que después de tanto tiempo significan una perspectiva muy bonita, nostálgica y enriquecedora de aquellas experiencias. Agradecer también a la maestría de la gente en la que he confiado para guiarme en ese proceso porque me han ayudado a ser mejor.

La felicidad es para los valientes y cada uno de nosotros tiene un camino por recorrer y muchos obstáculos que vencer. Yo elegí un camino del que a día de hoy, me siento orgulloso y espero que todos encontréis el vuestro sea cual sea.

Lo importante en la vida es tener una misión. Conseguirla o no es lo de menos.



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