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El camino para armonizar la energía

Actualizado: 17 ene 2023



El Hapkido es un Arte Marcial coreano que tiene su raíz en las Artes Marciales tradicionales de Corea y en el Daito Ryu, una escuela japonesa. La historia sitúa al que parece ser el iniciador del Hapkido, Choi Yong Sul al servicio de Sogaku Takeda (cabeza visible de la Daito Ryu). Otros autores manifiestan que fue alumno suyo y no su criado, pero en definitiva lo que aquí acontece es que éste método recibió influencias del maestro Takeda de Japón.

Al regresar a Corea, el maestro Choi trajo consigo un arte marcial nueva, el Daitu Ryu Aikijitsu, al que fue integrando las diferentes modalidades que ya existían en la península de Corea, como el Taekkyun y el Sirum.

Más tarde y gracias a la evolución a través de los alumnos, el original Daito Ryu Aikijitsu, que se conocía en Corea como Hapki Yu Kwan Sul, pasó a conocerse como Hapkido.

Este Arte Marcial posee una gran variedad de técnicas que pueden usarse en las distintas distancias de conflicto que encontraremos. Distancias largas con un amplio abanico de técnicas de pierna que pueden permitirnos mantenernos lejos del agresor. Distancia media en la que podremos utilizar un gran repertorio de golpes con la mano e incluso con la rodilla. También tenemos la distancia corta en la cual entran en juego técnicas de golpeo con el codo y la técnica de agarre. En ésta se contemplan proyecciones, luxaciones y golpeos. Por último nos encontramos con una distancia muy corta y peligrosa en una situación real que es aquella en la que tendremos que combatir en el suelo, una disciplina en sí misma. Aquí nos respalda un elevado número de maneras de quitarnos al agresor de encima, establecer una guardia e incluso finalizarle mediante una estrangulación o luxación, permaneciendo presente la posibilidad de golpear o ser golpeado.

Como se puede observar el Hapkido es un sistema completo en cuanto a técnicas de defensa personal y combate se refiere, pero de ser sólo un sistema no podríamos estar hablando de un Arte Marcial, ya que las Artes Marciales versan sobre la vida.

El honor, la honradez, la cortesía, la prudencia, la perseverancia, el autocontrol, el espíritu incansable o la humanidad son valores que se inculcan en un alumno desde el primer día que llega a la escuela. El objetivo no es deportivo, aunque se realice una actividad que mejore notablemente tanto nuestra salud como nuestra condición física.

El motivo de entrenar es sencillo, es la única manera de conseguir resultados. Una técnica hay que repetirla muchas veces hasta que conseguimos realizarla de forma automática. Realizar un gesto de forma automática no quiere decir que debido a la “inspiración marcial o el furor del dragón” nos salga una técnica sin querer, ni mucho menos. Para realizar cualquier técnica en la vida real tendremos que pensar en dicha técnica. Lo que saldrá automático y fruto del entrenamiento será la forma correcta de realizarla, es decir que para dar un puñetazo habrá que pensar en dar un puñetazo, pero lo que nos saldrá automático será el cómo cerrar el puño, cómo girar nuestros pies, como colocar la cadera, etc.

El siguiente motivo de entrenar duramente y que diferencia en esencia a un Arte Marcial del resto de deportes de contacto es la búsqueda de la superación de uno mismo a través del esfuerzo y la dedicación. Una persona se comporta como una unidad entre cuerpo y mente. Para fortalecer dicho vínculo hay que someter al cuerpo a una carga de entrenamiento que aparentemente no podamos soportar, de esta manera nos podremos demostrar a través de la voluntad, que sí podemos.

Esta actitud forja el carácter del Artista Marcial que con la misma determinación y perseverancia se enfrentará a cualquier problema de su vida diaria, ya sea levantarse de madrugada para ir a trabajar o superar cualquiera de los golpes que la vida pueda darle.

Dicen que la técnica es superior a la fuerza, pero que la mente es superior a la técnica. Fortalecer la mente nos garantizará el no tener que usar la fuerza para resolver los conflictos que puedan presentarse en nuestras vidas. El mejor guerrero no es violento y gana las batallas sin pelear.

La palabra Hapkido tiene un significado que puede hacernos entender el sentido de lo que estamos haciendo. La primera sílaba HAP significa armonía, la segunda KI hace referencia a la energía y por último la sílaba DO que quiere decir camino. Podría decirse que este Arte Marcial es “el camino para armonizar la energía”, cosa que nos da a entender que no sólo tratamos de dar patadas y puñetazos, sino que tratamos de encontrar un equilibrio, un camino y una forma de vida.

Existen tres conceptos que lo caracterizan:

YU: Que significa agua y hace referencia a la capacidad de adaptación que posee dicho elemento. Existen múltiples técnicas que podemos utilizar, pero todo dependerá del adversario al que nos enfrentemos, de las características físicas del mismo, de nuestro estado, de las circunstancias en que nos veamos…

Es el entrenamiento lo que hará que podamos reaccionar de forma victoriosa ante cualquier situación, ya que tendremos la capacidad de adaptarnos y vencer.

WON: Este concepto hace referencia al movimiento circular. Aquí está la esencia de la famosa frase “aprovechar la fuerza del otro”. El saber movernos puede hacer que hagamos que la fuerza del adversario trabaje a nuestro favor, pero eso no quiere decir que no sea necesaria utilizar nuestra fuerza, al contrario, debemos utilizarla toda con precisión y sentido.

HWA: El concepto de armonía. Es una forma de describir el equilibrio que tiene que darse entre fuerza, técnica y mentalidad. Una unión que hará que seamos capaces de sincronizarnos con el adversario para poder vencerle. En términos filosóficos se entiende esta armonía como la sintonía con las leyes que rigen el universo. Aceptar la vida tal y como es.


El Hapkido es un método por el cual podremos defendernos de una agresión y mejorar nuestra forma física, pero sobre todo, es una forma de vida. La superación de uno mismo es su objetivo prioritario y no el hecho de aprender a dar golpes o ganar a otros en combate, ya que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.

A través de este arte he aprendido a aceptar el sufrimiento y ese es el sentido más profundo. El valor no reside en el sufrimiento en sí, sino en la actitud frente al mismo, en nuestra capacidad de aceptar la vida tal y como se presente.



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