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Cambios

Todo cambia. De una forma u otra, nada es para siempre y esa verdad puede sonar triste o fatalista pero lo cierto es que nada dura de la misma manera, todo cambia, evoluciona, desaparece o mejora. Aceptar esto puede contribuir a vivir la vida más intensamente o al menos, más libremente.

Si no tenemos lo que deseamos, sufrimos y si conseguimos exactamente lo que deseamos, también sufrimos por miedo a perderlo. Aceptar la realidad del cambio puede garantizarnos que cuando lo tengamos disfrutemos realmente de ello tal y como es, ya que entenderemos que no estará ahí siempre.

Cuando nos resistimos al cambio, cuando no aceptamos la vida tal y como es, la frustración comenzará a reinar en nuestro día a día. La frustración que es la opción más letal a medio y largo plazo para nuestro organismo puesto que es un paso intermedio entre luchar y huir, entre avanzar o no.

Cambiar es vivir y la forma que tengamos de afrontar los cambios es lo que nos hará crecer más o menos. Si alguien se mantiene siempre en la misma situación, en la misma dinámica, puede que incluso todo le vaya bien pero a largo plazo lo que será es alguien que no sale nunca de su zona de confort. Sin embargo si decides cambiar y asumir riesgos puede que no te salga bien, puede que fracases más de una vez pero siempre estarás creciendo como persona y llenando de recursos tu arsenal para poder afrontar cada vez mayores retos en tu vida.

La acción es lo que caracteriza a un emprendedor. Su capacidad de asumir riesgos, resolver conflictos y superarlos es un rasgo que se entrena precisamente asumiendo riesgos, resolviendo problemas y superando o no las adversidades. Si lo consigue y gana perfecto y si no, siempre habrá aprendido más que el que prefiere mantenerse seguro y no arriesgar.

En artes marciales siempre se ha dicho que un guerrero no gana siempre las batallas pero siempre elige luchar. Confiar en nuestra capacidad de sacrificio, de perseverancia y de superación puede salvarnos de muchas situaciones de dura realidad o circunstancias adversas.

Si estás en una situación difícil de cambio como una posición económica complicada, un trabajo que lleva tiempo sin satisfacerte, una relación que se acaba o la muerte de un ser querido, alégrate. La vida te está dando la oportunidad de conocer tus límites, tus habilidades, tus recursos y tu capacidad de superación.

Para mí, la vida es un entrenamiento en el que el objetivo es conocerse a uno mismo y para ello primero hay que dudar, retarse y superar. Si te conoces a ti mismo conoces a los demás porque todos somos lo mismo de una u otra forma.

Cuando haces deporte vives esta sensación continuamente. Primero debes establecer un objetivo y después plantear la estrategia para conseguirlo. Una vez tienes todo debes ponerte a hacerlo y ahí empieza el reto. Una cosa es plantearse hacer algo y otra muy distinta es hacerlo. Durante el proceso te enfrentas a una parte muy instintiva que te pide que pares, que lo dejes, que no vas a sobrevivir mejor corriendo que sentado en tu sofá. Y es ahí donde aparece la “magia”. La voluntad de seguir es un “cartucho” fundamental que toda persona debería tener.

Cuando sufres una separación sentimental, el dolor que sientes es físico también. Te sientes vacío, te falta algo que daba sentido a tu vida de una manera muy profunda y real para ti. Lo cierto es que a pesar de sentir que la vida se hunde bajo tus pies, sigue saliendo el sol y poniéndose día tras día. Todo sigue igual y todo ha cambiado. Vivamos la vida más en sintonía con esta ley natural.

Todo cambia, todo sigue igual y aprender a fluir como el día y la noche, las estaciones del año o la vida y la muerte nos hará libres. Sufrir es parte de la vida. Una constante en toda especie y es imprescindible porque sin sufrimiento no habría alegría. Todo es un ciclo, una balanza en la que debemos encontrar el equilibrio y no buscar sólo la parte agradable sino trascender y entender que la vida es un constante devenir de bien y mal.

La felicidad es para los valientes que asumen esto y arriesgan sin miedo o con el pero sin freno. La vida es un entrenamiento que nos da la oportunidad de ser mejores versiones de nosotros mismos. Aceptar sin oponerse a sufrir y entender el sufrimiento como la parte en la que más crecemos hará que cuando llegue “la ola podamos surfearla como verdaderos surferos de la vida y el resto del tiempo tengamos la sensación de estar remando y poniéndonos cada vez más fuertes para surfear cada vez olas más grandes”.

Los que no quieren aceptar esta realidad eligen quedarse cerca de la orilla y revolcarse constantemente contra las rocas. Cuando asoman la cabeza y ven a los surfistas a lo lejos les encantaría ser como ellos pero al ver todo lo que tendrían que remar, vuelven a hundirse para quedarse a gusto en su tortura.

Apoyarse en las personas que te quieren es una motivación extra. Remar junto a tu gente siempre es más fácil. Así que en los momentos duros eres más consciente de quién está remando a tu lado o quién te quiere arrastrar a las rocas. Una vez más son los momentos difíciles los más productivos. Al fin y al cabo, los mejores surferos duran segundos en una buena ola mientras que la mayor parte del tiempo la pasan remando.



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